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 "ES URGENTE CREAR UNA IDENTIDAD NACIONAL"
 TRAS LA HUELLA DE UNA IMAGEN POSITIVA
 
Claudio Orrego, Vicepresidente ACTI
INVERTIR EN TI ES ENTENDER LOS NUEVOS DESAFíOS

Para el Vicepresidente de la ACTI, Claudio Orrego, el desafío de nuestro país está en incorporar masiva y aceleradamente a toda la sociedad en la economía del conocimiento. 

Por Paola Leyton T.

Santiago, 6 de marzo de 2004.- Si en Chile “no se mejoran los incentivos para invertir en tecnología, si tanto en el mundo público como privado no se desarrolla el espíritu emprendedor, si los nuevos profesionales no manejan el inglés como segunda lengua y si en nuestro país no desarrollamos la capacidad de adaptarnos a nuevas realidades, difícilmente podremos estar entre los países más eficientes y competitivos del mundo”. Este es el crítico diagnóstico que el Vicepresidente de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnología de Información (ACTI), Claudio Orrego, hace de la realidad nacional.

No obstante, el profesional ligado desde hace años al mundo de la tecnología, es bastante más optimista que su diagnóstico, pues asegura que Chile tiene condiciones creadas para atraer inversión tecnológica como factor de desarrollo. “Contamos con la mejor conectividad, la mejor plataforma instalada, los mejores niveles de alfabetización digital y un excelente uso de la tecnología, de aplicaciones tanto públicas como privadas, superiores a las existentes en América Latina y probablemente mejores que las de muchos países del mundo en desarrollo”.

Así lo demuestra el resultado obtenido por Chile en el último informe anual de ranking de tecnología elaborado por el Foro Económico Mundial, según el cual nuestro país ocupó el primer lugar a nivel Latinoamericano, superando a países como Brasil y México, y la posición 32 a nivel mundial. Según el profesional, este hecho sumado a la estabilidad política y macroeconómica de nuestro país, a la buena calidad de vida de las ciudades chilenas y a los cierres de TLCs con potencias mundiales, nos convierte en un país muy competitivo y atractivo para captar inversión.

Sin embargo, todavía hay muchos factores que atentan contra el desarrollo de nuestra industria tecnológica. Para Claudio Orrego, uno de los principales tiene que ver con la falta de recursos que se invierten en la investigación y desarrollo. “Hoy día Chile destina menos del 0,5% de su PIB para la investigación y desarrollo de temas tecnológicos, lo cual claramente es insuficiente”.

Además, según el ex Secretario Ejecutivo del Comité Interministerial de Modernización de la Gestión Pública de Chile, nos falta una institucionalidad para generar mayor desarrollo tecnológico. “Por un lado, no contamos con incentivos estructurales, como el establecimiento de algún tratamiento tributario que permita facilitar el tipo de recursos para inversión nueva y riesgosa; por otro lado, carecemos de un espíritu emprendedor que nos haga tomar riesgos”, pues aunque la tecnología pareciera ser negocio seguro, requiere de mucho ensayo y error, tarea para la cual no estamos preparados los chilenos.

Según el profesional, “en los países emprendedores, a todos les ha ido mal una o dos veces, y eso no constituye una mancha en tu currículum, sino por el contrario, un activo que está señalando que no vas a cometer de nuevo los mismos errores, en cambio, en Chile si te va mal eres mal mirado y tu experiencia es tomada como un fracaso. Que en nuestro país haya algunos emprendedores no nos convierte en una tierra de emprendedores”, asegura Orrego.

En torno a la economía digital

Al inicio de este milenio, se oye hablar cada vez más sobre la sociedad de la información, referida a la irrupción en el mundo cotidiano de las nuevas tecnologías. Cuando muchos de nosotros todavía no somos capaces de asimilar por completo esta nueva realidad en la que nos vemos inmersos, nos encontramos con otro paradigma que promete aún más cambios en nuestra manera de desenvolvernos, especialmente en el ámbito laboral; se trata de la economía digital.

Término que si bien está en gestación, ya es utilizado por sociólogos, políticos, académicos y gente relacionada con las tecnologías y comunicaciones (TICs),  que se refiere a la nueva economía sustentada en el conocimiento y “en la capacidad de los profesionales para interactuar, para ser dinámicos, para recalificarse permanentemente y adaptarse a nuevas realidades”, según define Claudio Orrego.

Para él, “el desafío de nuestro país pasa por incorporar a nuestras empresas, colegios, instituciones públicas y personas, masiva y aceleradamente a la sociedad de la información y la economía del conocimiento”.

En la economía del conocimiento o economía digital, como le llama el Vicepresidente de la ACTI, el conocimiento del recurso humano se convierte en el activo más valioso de una empresa. “Tienes que tener personas que sean polivalentes y esa polivalencia tiene que ver con el conocimiento, con destrezas, con constante aprendizaje. Hoy día, la verdadera capacidad está en desarrollar la inteligencia”.

Y lógicamente que para desenvolvernos dentro de este esquema “Chile tiene que avanzar en el idioma inglés sí o sí. Ya no podemos mantenernos hablando solo con la lengua madre. Un ingeniero comercial no puede ir a buscar a un inversionista al aeropuerto si no sabe inglés, un informático que no sabe inglés está dos años atrasado en los manuales y un militar que no habla inglés no puede participar en una misión de paz”.
En definitiva, según la visión de este líder de opinión en las TICs, que acaba de dejar el mundo privado –desde la Vicepresidencia de Desarrollo de Negocios y Gobierno Electrónico de SONDA–, para asumir nuevos desafíos profesionales en el mundo de la política, son muchos los retos que nuestro país tiene que enfrentar y muchas las habilidades que sus habitantes tienen que desarrollar para evolucionar hacia el mundo de la economía digital. Y en esto, tanto el Estado como los privados tienen una gran responsabilidad para ser capaces de atraer cada vez más inversión en tecnologías de la información y de esta manera poner a prueba todo el tremendo potencial que nuestro país ha ido adquiriendo en la sociedad de la información.